Resumen aula – “Ciberseguridad: derechos de la ciudadanía y las ciudades como agentes globales” – Ángel Gómez de Ágreda

Resumen aula – “Ciberseguridad: derechos de la ciudadanía y las ciudades como agentes globales” – Ángel Gómez de Ágreda

La pasada sesión del AULA GABEIRAS centrada en el análisis de los desafíos jurídicos, éticos y técnicos que nos presenta el ciberespacio y el desarrollo de un nuevo modelo urbano, en el que prima la conectividad y en el que va a implantarse el Internet de las Cosas, reflexionamos sobre la necesidad de renovar los compromisos adquiridos y de generar mayores y mejores mecanismos para compartir la información sin comprometer la privacidad y los derechos de los ciudadanos.

Invitamosal experto en Ciberseguridad, Ángel Gómez de Ágreda, quien iniciaba explicando queen la revolución digital actual construimos nuestro entorno como un ecosistema y que,al intentar regularlo, el derecho y la ética que veníamos aplicando no pueden trasladarse literalmente. Seguimos teniendo una idea equivocada del ciberespacio, aquella que se utilizaba en los noventa, y tampoco entendemos aún el concepto de avance exponencial. Según apuntaba, cada tres a cuatro meses se dobla la velocidad en la IA, lo cual se verá incrementado con la aparición de los ordenadores cuánticos.

El ciberespacio se puede entender a través de 4 conceptos separables que pueden integrarse: Seguridad de redes, de datos, de la información y del conocimiento. Por las redes discurren datos de los cuales extraemos información, y a partir de los cuales generamos el conocimiento, adquiriendo una importancia capital el tema de la portabilidad, continuaba el ponente. Surgen dudas sobre si la portabilidad de los datos implica portabilidad de la información y del conocimiento extraídos de ellos, o sobre hasta qué punto la propiedad sobre nuestros datos incluye la propiedad sobre los productos generados a partir de estos.

No podemos quedarnos en un tratamiento jurídico-ético de estos conceptos por separado, sino que debemos abarcarlos conjuntamente: “La información generada sobre nuestros datos permite alterar nuestra percepción sobre nuestro entorno, lo que se verá incrementado por la utilización de la realidad virtual y aumentada, permitiéndonos construir nuevas realidades y conceptos subjetivos de verdad. Esto representa un peligro ya que sobre una base de verdad alterada no se puede fundamentar y ejercer el derecho a la libertad”, comentaba Gómez de Ágreda.

Aunque Europa ha vuelto a tomar conciencia de la importancia de los datos, y está avanzando en su regulación, aún no se tiene en cuenta la curva evolutiva del ciberespacio. Esto es determinante justo ahora que la Directiva NIS está siendo revisada y necesita tener en cuenta la aparición de nuevos agentes, dispositivos, plataformas y cambio de estructuras.

Otro aspecto importante es que la gobernanza se verá afectada, procurando el establecimiento de una regulación supranacional para temas como el cambio climático, el ámbito digital y el ciberespacio. A nivel local, hay una tendencia al fortalecimiento del modelo de ciudad o ecosistemas más pequeños conectados digital, física y humanamente. Por ejemplo, en Barcelona se está aplicando el concepto de ciudad de los “15 minutos”, con el que se ganará eficiencia en los negocios y comodidad en la vida cotidiana. Hay que generar modelos que atraigan la innovación a las ciudades que se extenderán convirtiéndose en hubs de producción.

¿Estamos frente a un modelo de capitalismo de vigilancia o un tecnocapitalismo de explotación de los datos recogidos de los ciudadanos?

Gómez de Ágreda ve que hay una clara utilización y monetización de los datos en beneficio de las empresas y los estados que se mueve básicamente entre dos modelos. El modelo occidental que responde a una canalización de los intereses empresariales a través de los estados, mientras que el oriental tiende al predominio del Estado sobre la empresa. La función de hipervigilancia constante arroja indicadores sobre múltiples aspectos de nuestra vida, otorgándonos puntuaciones a nivel social, con implicaciones en los campos de los seguros y la salud, por ejemplo.

El Internet de las Cosas cuenta hoy con cincuenta mil millones de cosas conectadas. El desarrollo de redes de 5G, con respuestas en tiempo real, afectará toda nuestra vida: la utilización de la VR/AR, la transferencia de datos, el uso de la voz, la locomoción autónoma, etc. La capacidad para alterar las percepciones y emociones de estos dispositivos supone una merma en nuestra capacidad para ejercer nuestra libertad y representa una amenaza para nosotros comparable con la autonomía de las armas letales, concluye el ponente.

Una vez abierto el debate a los asistentes, Susana de la Sierra, ponía sobre la mesa algunas cuestiones: siendo el derecho un concepto conservador y que los juristas no entienden con claridad el concepto de exponencialidad, ¿cuál debería ser su lugar? ¿Puede la ética ser una especie de softlaw? ¿Cuál es el papel de los ciudadanos ante la ciberseguridad? ¿Qué tipo de función debe desempeñar la ciudad como sujeto político? Resumimos algunos de los aportes más relevantes:

 · La pandemia ha agilizado el avance digital y marcado las brechas existentes. Es fundamental fortalecer la alfabetización digital, adquirir habilidades digitales, identificar los riesgos y amenazas en el medio digital para aprender a manejarlos con solvencia y seguridad. Hay que comunicar y dar mensajes de inseguridad para generar conciencia de la inseguridad del entorno.

· La soledad y el comportamiento social nos marcará los límites a la hora de relacionarnos con la tecnología y la ciberseguridad. ¿Puede nuestra necesidad de interacción humana contraponerse a la protección necesaria?

· Hay que generar nuevos modelos de gestión del conocimiento, construir nuevas ciudadanías que desarrollen un pensamiento crítico que nos permita actuar como ciudadanos y no como clientes. Las tecnologías deben ponerse al servicio del bien común y de la protección de nuestro medio ambiente.

· Hay un gran cambio en la teoría general de la responsabilidad, no solo respecto a personas físicas y jurídicas sino también a los dispositivos y los algoritmos. Es difícil identificar a los actores en las redes. La violencia a través de la red se sigue sin ver como un delito.

· Se deben revisar y modificar las categorías jurídicas, encontrar un enfoque novedoso desde lo jurídico, elaborar categorías generales, distintas y renovadas, desde la interdisciplinariedad para que no se queden obsoletas.

· Necesitamos una armonización de los regímenes de supervisión, a nivel comunitario, y un marco de derechos como el que pretende la Carta de Derechos Digitales para garantizar los derechos offline en el mundo online.

· La regulación es necesaria, pero debemos contar con la ética como un softlaw, siendo más rápidamente adaptable a los cambios. Establecer nuevas y distintas medidas regulatorias y no regulatorias para poder abarcar la diversidad de ciudadanos, las brechas existentes, etc.

· La colaboración pública – privada es muy importante, siempre que se cuente con las debidas garantías. Las instituciones públicas y las entidades locales juegan un papel fundamental en la seguridad, no solo en la difusión, educación y concienciación. Hay que regular la gobernanza del dato entendida como el almacenamiento y gestión de los datos por parte de la Administración.

· La Secretaría de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial cumple una importante labor respecto al seguimiento y fortalecimiento del marco regulatorio: está trabajando en la renovación de la regulación de la responsabilidad de las plataformas sobre los contenidos que alojan, sobre el Reglamento comunitario de privacidad previsto para 2021 (cookies, tratamiento de los datos, metadatos, etc.), revisando el Reglamento comunitario de servicios de identificación electrónica, la transferencia de datos de compañías como Facebook a USA y, por último, en el reglamento de desarrollo de la Directiva NIS.

· Hay una clara necesidad de renovar el contrato social. Conviene profundizar, asimismo, la mirada política hacia el complejo panorama internacional para entender el funcionamiento e intereses de las distintas y concurrentes escalas geopolíticas.

· En este escenario de ciudades inteligentes e Internet de Cosas es preciso preservar la centralidad de usuario, del ser humano, como eje vertebrador de su diseño. Debemos ver hasta qué punto estamos dispuestos a ceder nuestra seguridad y libertad por la comodidad. Como el mismo Gómez de Ágreda señalaba, los datos no son nuestros, los datos somos nosotros”.